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Alfredo Cecilio Rodríguez
Cedeño - Entrevista
"EL VERDE ES INFINITO"
Por Reinaldo Cedeño Pineda
"El olor del óleo o de la tierra mojada,
me gusta más que el de los perfumes".
"Mis novias fueron las pinturas". "Me
interesan los árboles viejos: ellos te hablan".
Cuando miro a una persona a los ojos, descubro quien
es". . "Un artista nunca está solo.
El Pintor de los atardeceres."Le pido a Dios
que me lleve a la cima del paisaje".
Alfredo parece un niño grande. Conserva intactas
su capacidad de asombro y su ternura, su espontaneidad
y no sé que brillo especial, late en sus pupilas.
Acaso, como diría José Martí,
ha comprendido que "sólo es feliz aquel
que no ha perdido su alma de niño". Pero,
nada de ello es casualidad, sino feliz consecuencia:
"Mi padre tenía finca, un tejar y había
sembrada mucha caña, allá por el Reparto
Siboney, en las afueras de la ciudad de Bayamo. En
ese ambiente nací, el 25 de octubre de 1969,
y allí viví mis primeros diez años,
en un contacto directo con la naturaleza que disfruté
a plenitud. Siempre he tratado de encontrar los orígenes
de por qué el paisaje, y sin dudas, esta ahí.
"Desde que nos levantábamos, me encontraba
envuelto en un paisaje: matas de mango, coco, caballo,
chivos... Somos ocho hermanos, y soy de los últimos.
A ellos les gustaba la pesquería y nos íbamos
para el río a pescar. También conocí
a muchas personas nobles, y eso me marcó para
el resto de mi vida.
Su abuelo había logrado el grado de sargento
en las guerras de independencia contra la metrópoli
española en el siglo XIX. Es de suponer con
cuanto orgullo heredó su padre -Antonio Dominador
Rodríguez Martínez-, tal honradez y
rectitud; tanto que hacía honor a su segundo
nombre. Su nariz ganchuda parecía crecer, se
mesaba el cabello lacio peinado hacia atrás
y...
"Cuando hacía algo que no le gustaba,
venía el castigo: vamos hínquese ahí
de rodillas y hasta que no me acuerde, no se levante.
Delante de él, no se podía beber ni
fumar. Había que decirle: Señor, y rápido.
Nos enseñó lo que era la disciplina,
y eso ayudó a que ninguno de mis hermanos saliera
"mala cabeza", extraviado en la vida.
Como una rosa abierta en la memoria, Alfredo guarda
un suceso de sus primeros años: "Recuerdo
que mi papá me tenía sentado en las
piernas, y yo me entretenía con un palito.
Trazo en la tierra una casita con sus macetas llenas
de flores y todo. Me papá me aplaudió,
tal vez fue el primero que recibí".
Mas, todo no vendría por la línea paterna,
y no solamente hablo del mestizaje racial, de la ascendencia
hispana de su padre y la mulatez de su madre; sino
de la mezcla de caracteres y personalidades.
Con su madre se muda para la parte urbana de la hermosa
ciudad bayamesa. La voz se quiebra, los ojos se achican
cuando habla de ella. La ha dibujado, si, pero siente
que no ha logrado captarle toda su dimensión:
"Ah... Francisca Cedeño Zamora es la persona
más bella del mundo. No me canso de darle mi
cariño. Nació en el campo, en monte
adentro y tuvo que trabajar desde niña. Las
muchachas tenían que hacer las labores de la
casa, arreglar los pocos muebles, limpiar; pero también
ordeñar la vaca, ir al río a lavar la
ropa, echar comida a los animales. Es una mujer, fuerte,
dura, voluntariosa, aunque ya casi tiene 70 anos".
EL DESLUMBRAMIENTO
Los filmes de artes marciales, particularmente los
de Bruce Lee, o los vaqueros -al estilo del Oeste
Norteamericano-, fueron granjeando su imaginación
y su iconografía juvenil. Se sorprendía
pintando a partir de aquella revista o esta película.
Y bajo esa influencia, no fueron las palmas, sino
el kong fu quien llenó un "primitivo lienzo":
"Cuando cumplí 14 años, cogí
una camisa y la corté con una tijera. Extendí
la espalda sobre un tablero y pinté... un cuadro
chino, con casitas chinas, y el ambiente del kárate
y el kong fu. Lo hice con un poco de acuarela y de
pintura de aceite. Luego diseñe un juego de
barajas españolas"
Aquel rey de bastos o ese caballo de copas, pasó
mano en mano. Algunos levantaron la vista: pero, ¿lo
has hecho tú?. Apenas era el comienzo de una
pasión irrefrenable. A los 16 anos, la inquietud
era su fiel compañía. Quería
ser pelotero, jugar baseball... y si la suerte le
acompañaba, sonando en grande: llegar a protagonizar
uno de aquellos memorables encuentros entre los equipos
de Cuba y Estados Unidos, los lideres mundiales del
deporte de las bolas y los strikes, pero...
"Un día voy al parque central de Bayamo
y veo a varios artistas pintando, me acerco temeroso
y deslumbrado sobre la tela. Sentí el olor
de la pintura, y fue lo más grande que me ha
pasado. Al otro día, le dije a un señor
que conocía:
-Lléveme a la Escuela de Artes Plásticas.
-Bueno, pues levántese temprano.
"Cuando llego, con todo aquel embullo a la
escuela, nuevamente me entra hasta el alma, aquel
olor del óleo. El olor del óleo o el
de la tierra mojada, me gusta mas que el de los perfumes".
La Escuela tenia el nombre ilustre de Manuel del Socorro
Rodríguez -artista multifacético, mano
brillante en los altares de la Iglesia Parroquial
Mayor de Bayamo-. Lo que antes fuera quimera, ahora
parecía plegar alas y descender a la tierra.
Sin embargo, le faltaba la instrucción previa
necesaria y es sabido, la enseñanza artística
empieza desde muy temprano...
Alfredo no se amilanó. Hizo una copia de la
Dánae, al grafito. Y allí había
miradas entrenadas y autoridad. Talento y persistencia
acabaron convenciendo a muchos de que el joven merecía
una oportunidad, aunque su camino no fuese el de la
matricula oficial y otros le llevaran ventaja de Academia.
"Yo iba todos los días a la Escuela, en
la mañana. Al mediodía partía
para la Biblioteca hasta por la tarde, a revisar los
libros de los grandes pintores. La noche, la pasaba
en la Casa de Cultura. Esa era mi vida de 16 a los
20 años. No tenía muchas novias. Las
aparté un poco de mi vida: mis novias eran
las pinturas. Descubrí que aquello era la pasión
de mi vida, y estoy seguro que me voy a morir con
ella".
A LA SOMBRA DE LOS MAESTROS
Ya le conocían en la biblioteca.
- ¿Alfredito?
- -No, ese no sale de aquí. Si usted lo quiere
ver, venga mañana en las tardes.
"Mi verdadero aprendizaje siento que fue con
los maestros que están muertos. Cuando abrí
los libros y vi la obra de Rembrandt, de Velázquez,
de Gustave Courbet, de los paisajistas holandeses
del siglo XVIII... me dije: Esta es la verdadera pintura.
La de Goya, Rubens... pero, aficionado al fin, no
tenía método, ni preparación,
ni un verdadero profesor.
"Envidio a aquellos pintores que se enfrentan
a lienzos enormes, cuando no había fotografía
ni desarrollo técnico y lograban cosas magníficas.
Envidio a Miguel Ángel pintando La Capilla
Sixtina
"Cuando encuentro los materiales artísticos
idóneos para hacer una obra, comienzo a pintar;
pero con la referencia de los grandes maestros. Emocionan
los paisajistas de Barbizon, los pintores de las afueras
de Paris. También estudio los paisajistas cubanos
del siglo XIX, como Esteban Chartrand y Valentín
Sanz Carta, uno romántico y el otro más
realista. Y yo creo que estoy en el medio de ellos,
por el colorido y por la atmósfera envolvente
de mis obras. A medida que me acerco a mi época,
importa mucho el efecto de la pincelada, mas que la
misma obra demasiado pulida.
"Empiezo a estudiar por mis propios instintos,
del Renacimiento para acá. Pinté todo
lo que me caía en la mano. Yo era un "ratón
de biblioteca", tenían que sacarme de
ahí, tenía unos deseos voraces de conocimiento.
Mis primeros ídolos fueron los paisajistas
de Holanda: ¡esa atmósfera, esa luz,
ese color!".
"Utilizaba más los verdes esmeraldas y
el amarillo limón para buscar otras tonalidades;
pero yo estaba enamorado de los ocres de los sienas,
de los pardos en general, y todavía me encantan".
-¿Y sigue creyendo que esos colores
le sirven para identificar la naturaleza caribeña,
la cubana?
"Sí. Tiziano dijo: ensuciad los colores,
y no quiso decir otra cosa que "agrisad los colores".
Un color, tal como sale del tubo, no existe en la
naturaleza, con esa pureza total. Cuando se usa así,
es para lograr un efecto.
"Un azul o un naranja pueden darte muchas cosas;
pero el cielo lleva en sí, el ocre y un montón
de cosas. Si usted pone azul prusia con blanco, no
va a lograr el tono, y si pone azul cobalto con blanco,
tampoco. Porque en el cielo hay una cantidad de matices
increíbles, que uno no se imagina y que ni
siquiera el ojo ve".
-¿ Con todo, no teme que el espectador
sienta alguna frialdad en tu obra, y no la calidez
del trópico?
"Mira, soy reacio a ciertos colores y a cierta
luz. Pinto pocos paisajes al mediodía, sino
a eso de las diez de la mañana. Lo que más
me gusta es pintarlo al atardecer, a los 4 o 5 de
la tarde: allí hay un efecto mágico.
"Cuando el sol empieza a ponerse, pero no se
ha puesto del todo y las nubes no son rojizas todavía,
pero empiezan a tomarse un poco ocres. Allí,
converge una gama de matices tan amplia, tan rica
y tan pintoresca que es increíble. Los árboles
cambian el verde chillón del mediodía
y hay una gama de matices que se avienen más
a mi espíritu, porque soy un hombre calmado:
me gusta la tranquilidad, la soledad, meditar. Me
gusta estar en un rincón con un libro, leyendo
o pintando. Me gusta ocultarme del mundo, no me gusta
el bullicio".
-Le he escuchado referirse varias veces a
la soledad. ¿Cree en ella como factor indispensable
para crear? ¿No teme, como decía la
poetisa Dulce Maria Loynaz, que la vida le castigue,
llenándole de ella?
"Hay que ser uno mismo. Para pintar y asistirse
de esa fuerza poderosa que todo ser humano lleva dentro,
uno tiene que sacarla, rescatarla, y eso se descubre
en la soledad. Estando solo, uno se descubre y redescubre
constantemente.
"Soy casado, aunque no tengo hijos. Mis cuadros
son mis hijos. Es verdad que me han dado dolor de
cabeza, pero ha sido para bien. Un artista, un ser
humano puede temer, pero en realidad, nunca esta solo".
-Quienes vemos sus obras, le imaginamos en
medio del campo, tomando apuntes, con los ojos llenos
de luz...
"Salgo al campo a menudo, si, y suelo hacer muchos
bocetos del natural, lo mismo de árboles que
de esa casa tan sencilla que nos viene de los indios,
pero tan común en el campo, que es el bohío.
"No hay un canon para pintar bohíos. Tú
pintas un bohío con el caballete alto y algunos
dicen que no es así, pero tu vas al campo y
tú lo encuentras de todos los tipos: de yagua,
de tablas de palma, de adobe, de barro sin coser,
de yerba. Hay una variedad grandísima; pero
algunos críticos han dicho en mi primera exposición
personal, que había hecho el bohío del
pasado, la carreta del pasado, y yo dije: -No, usted
sale al campo y hay carretas y bohíos de todo
tipo".
PINTAR LAS RAÍCES DEL ALMA
La pintura sigue siendo la naturaleza que el hombre
se regala a sí mismo. Su primera muestra personal
tuvo lugar a los 18 anos, y ha sabido merecer premios
en salones nacionales de paisajística en la
oriental urbe de Las Tunas, cuna del decimista mayor:
El Cucalambé.
Alfredo Cecilio Rodríguez Cedeño es
un creador de paisajes, y aunque lleve el campo en
la piel; no cree en esquemas ni los desea; no se afilia
a símbolos, y también recorre un amplio
paisaje interior. Ya se advierte su afán de
optar por los formatos grandes.
En su modesta vivienda, a medio concluir, se arraciman
los libros sobre pinturas, los lienzos y el pincel
recién usado; con la mayor sencillez, pero
mirando al futuro con esa interior inquietud que le
asalta cuando camina las calles estrechas y el silencio
de su ciudad. La hora de pintar es otra cosa: "Yo
busco en el monte amparo".
San Salvador de Bayamo, fundada en 1513, prefirió
arder desde sus mismos cimientos, antes que ser entregada
nuevamente a los españoles, en el alzamiento
de los cubanos contra el poder hispano decimonónico.
En sus predios, se estreno, el 20 de octubre de 1868,
La Bayamesa -luego Himno Nacional-.
La letra de Perucho Figueredo es un resumen de la
nacionalidad cubana: "No temáis una
muerte gloriosa/ que morir por la patria es vivir".
"Soy un artista orgulloso de mi ciudad y mi
país; pero en el arte no hay nada inmutable;
es necesario criticar, dar taller a todo lo que uno
pinta y ve. Por eso en la pintura, no tengo dudas
en quitar o poner. Algunos artistas pueden pintar
una palma para agradarle al publico, y así
afirman: Esto es un paisaje cubano, porque tiene una
palma. Pero yo puedo pintar un paisaje que no tenga
una palma y no deja por eso de ser cubano.
"El paisaje es algo universal. Y seguiría
pintando paisaje, dondequiera que yo estuviera, en
México o en Groenlandia. Un paisaje es un paisaje.
No soy pintor que me amarre a ciertas cosas, ni a
framboyanes ni a ceibas.
"Me interesan mas los árboles viejos,
ellos te hablan y te dicen que tienen sesenta o cien
años; o los que están llenos de lianas
y te dicen: yo soy la naturaleza, el que ha resistido
a todo. Los prefiero al arbolito joven. Creo que es
una filosofía de la vida.
-Pero, ¿ese afincarse en el paisaje,
no limita acaso su apertura hacia otros campos; o
tiene prejuicios hacia otras temáticas o formas?
"Aparte del paisaje quiero comerme el mundo.
Soy un artista joven, y quiero hacer de todo, aunque
sea a mi modo. Tengo muchas cosas en la cabeza y archivado,
pero sigo siendo fiel al paisaje. He hecho marinas
pero soy hombre de tierra adentro.
"Me gusta el campesino con la guataca en la
mano, siempre incluyo la figura humana en el paisaje,
pero la figura insertada en el paisaje, que el humano
no sea el protagonista. Hay lugares del campo que
son netamente planos, sin montañas: un campo
labrado con árboles y casas con vestigio humano:
ese es el paisaje que me gusta. También pinto
a los animales, sin ellos el paisaje y la vida no
estarían completos.
"Sé que no tengo título pero sigo
pintando incansablemente. Nunca he sentido saciada
mi sed de pintar. He estudiado la figura humana y
la atmósfera, y llegue a mis conclusiones,
busqué mi atmósfera y sigo haciendo
mi biblioteca particular.
"Jean Francois Millet, pintaba los campesinos
como una parte más de la tierra. Estaba tan
arraigado que de verdad tenía raíces.
Así me gusta pintar a mí, las raíces:
las raíces del alma"
PLEGARIAS A DIOS
Alfredo insiste en remarcar, mas en lo que ha hecho,
en lo que le falta. Es un hombre de convicción.
Y también, alza sus cantos al cielo.
"Creo que hay metas mucho más adelante.
Pero estás entrevistando a un hombre que no
ha recorrido ni la mitad del camino, a un hombre con
muchos deseos de hacer cosas, de pintar. Dios quiera
que algún día me entrevistes y yo pueda
decir que he logrado muchas cosas, muchos sueños
que tengo aquí".
-¿Hasta dónde pretende llegar?
"Como paisajista quiero llegar a la cima; pero
no solo a la cima de Cuba, sino a la cima del paisaje
en el mundo".
-¿No es una ambición desmedida?
"Puede parecer ambicioso o pedante, pero es mi
sueño y en mis plegarias, le pido a Dios que
me lleve a la cima del paisaje. Y si esa ambición
es innoble, que me perdone Dios. También incluyo
en mis plegarias a mi hermano pintor, Jorge Rodríguez,
un paisajista excelente a mi modo de ver".
-Tiene usted una forma, diría que insistente,
de mirar...
"Pues mire, incluso me he pintado los ojos. Los
ojos lo dicen todo, dicen mucho de la persona. En
los ojos hay una fuerza vital, que no lo pueden decir
las manos ni la voz. Cuando miro a una persona a los
ojos, descubro quien es. Por eso pongo mucho énfasis
en esa parte. Dijo Guayasamín que la persona
puede engordar a enflaquecer, pero la parte de la
nariz, los ojos y la boca, no cambian. También
lo creo".
-Sinceramente, ¿no piensa que en el
tema del paisaje, ya todo esta dicho, que el verde
no da para más; que muchas corrientes pictóricas
han surgido precisamente como reacción a un
agotamiento creativo?
"Mira, un critico me dijo que hacía fobia
al paisaje. El paisaje, siempre ha tenido su apogeo
y lo va a seguir teniendo, como el retrato; pero este
critico se refería a este paisaje de las "palmitas
y las cositas bonitas", al simple ornamento.
Yo pinto un paisaje que me agrade a mí. Puedo
estar pintando con ocre, con sienas, con tonos de
verde... y sí usted me lo critica, ese es su
punto de vista. Eso es lo que yo siento, y lo que
yo hago.
"Las geografías del mundo, y las interiores,
nunca son iguales. El verde es infinito".
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