Joherms Quiala Brooks - Entrevista

"Sueño con una pieza mía, al lado de Dalí”

Por Reinaldo Cedeño Pineda  

SUMARIO:

Bendecido por el Papa. Ventana a una personalidad rebelde  Cada persona, tiene su color y su sabor. “Soy de los eternamente alertas,  de los que tenemos una segunda piel a buen recaudo”. El artista como cronista de su tiempo. “Un negro tiene que ser lo más auténtico posible”.

Una cruz gigantesca se alzaba a unos metros de la colosal estatua ecuestre del héroe cubano Antonio Maceo. La historia rebelde por la independencia y la historia sacra, coexistían en el estreno del año. En la Plaza de la Revolución de Santiago de Cuba, la Patrona de la Isla, La Virgen de la Caridad de El Cobre sería coronada por el Santo Padre, Juan Pablo II.

El Papamóvil, que había recorrido estoicamente el camino bajo la canícula matutina, dio una vuelta en derredor de aquel espacio y su ocupante descendió camino al multitudinario culto. Pero el sol, le siguió fielmente y se las arregló para colar un haz de luz, hasta el altar creado al efecto, hasta la silla del mismísimo Papa. Representantes del Oriente cubano estaban allí, a canto vivo.

La delegación del territorio más oeste, Guantánamo, avanzó despacio por la escalinata de mármol verde, para ofrecer sus saludos al representante del estado soberano más pequeño del mundo: El Vaticano. En las manos de Joherms Quiala Brooks, figuraba una pintura suya, regalo de esa congregación al vicario de Cristo...

  -Bendígame, padre...  Y sus labios estamparon un beso en el anillo papal.

  El Papa, Karol Josef Wojtyla, miró al cuadro en el que se integraban la imagen de la Virgen y la naturaleza cubana. Miró a su autor y agradeció con una leve reverencia. Hizo  la señal de la cruz con sus  añosas manos de  fiel viajero, y tocó su cabeza.

    La Iglesia Católica de Guantánamo, debido a esa visita, había convocado a un concurso, a manera de actividad colateral, y Quiala había sido el afortunado.

   “Siempre me va a quedar la pregunta, de por qué tanta gente para verlo, porque no te puedo decir que todo el que estaba, era religioso. Yo mismo no era creyente, y estaba allí. Que se vaya a recibir a un gobernador de un estado, por voluntad, eso es algo mágico. Estar cerca de él, recibir su bendición personalmente, y entregarle una obra mía, automáticamente tenía que determinar una etapa de mi vida.

   “Había una gran cantidad de gente, no podría haber ocurrido mucho más, pero bastaba para mí; no porque crea en los poderes sobrenaturales de este hombre, sino porque es un hombre en el que tanta gente cree, y porque no es un héroe impuesto. Eso fue lo que sumó importancia al hecho. Así lo sentí, y me hice la pregunta: ¿Soy yo parte de esta Iglesia que él encabeza?

  “Coincidió con mi cumpleaños, el 24 de enero de 1998, cumplía 28 años. Entonces yo me dije: ‘esto no puede ser una coincidencia’. Me había ocurrido algo así, el mismo día en que las personas se trazan metas, porque uno va a cumplir un año más de vida y deja atrás, otras experiencias. Me puse a conversar conmigo mismo y a determinar ciertas cosas de ese día, y empecé a cursar estudios religiosos. Hoy por hoy, continúo visitando la Iglesia”

  ¿Y cuánto de religioso preservas realmente, más allá de una impresión semejante? ¿Cuánto de mítico o de devoto, sobrevive en tus obras? 

  “Empecé por la Iglesia Católica como parte de mi formación cultural; pero pienso pasearme por cuantas iglesias sean posibles, para identificar mi verdadero espíritu de creyente; porque sé que lo tengo, y por fortuna lo reflejo en mi obra”.

UNA ADOLESCENCIA “INTRANQUILA Y ENTUSIASTA”

  El poeta Regino Eladio Boti, hizo desde la poesía, un retrato acabado de esta ciudad, aún vívido. La bautizó como aldea, si bien singularizándola: “¡mi natal aldea!... amo tu parquedad catalana y tus calles rectas”.

   Una retícula casi perfecta presenta su trazado urbano, y la urbe alcanza el título de Villa en 1871, aunque hay pruebas de que más de un siglo antes ya tenía gentes bravas, capaces incluso de enfrentarse a un desembarco inglés en su bahía. El estado de relegación oficial del lugar, fue notable hasta entrado el siglo XX, y es hoy capital de la provincia del mismo nombre.

 La escultura de una dama mitológica, conocida por La Fama, obra del artista italiano Américo Chini, ha sido elegida como símbolo de esta ciudad, por encuesta popular. Y no ha de ser casualidad, porque ella está vigilante de los guantanameros hace muchos años, en la cúpula de lo que fuera el Palacio Salcines, residencia del célebre arquitecto e ingeniero, José de Jesús Leticio Salcines y Morlote.

   La huella de la emigración antillana -sobre todo de Jamaica y  otras Antillas angloparlantes, y de Haití-, puede encontrase por doquier, en apellidos, en la sangre, la raza y la cultura guantanamera. Es precisamente a una muchacha de esta zona del país, que se le dedica la más universal de las canciones cubanas: La Guantanamera.

 Su amplia bahía, dotada de excelentes condiciones naturales, está ocupada por una Base Naval de los Estados Unidos; mientras al sur, la ciudad es atravesada por el río Guaso que le da el sobrenombre de “La villa del Guaso”.

    Este es el entorno en que nace Joherms Quiala, “entre el mar y la montaña”. El arte le llegaría desde una vocación férrea, mas que por la sangre, aunque su abuelo Nicomedes, era de los pocos -y buenos-, carpinteros ebanistas de Guantánamo.

  La primera promoción de la Escuela de Arte, le vio entre sus graduados, a los 14 años; pero al menos una década precedía esa afición. No era nada extraño ver a su padre, a sus tíos, o a su mamá –la profesora Milagros-, llegar sonrientes, con una caja de lápices de colores, o una libreta, sabedores de la fiesta que ello representaba para el muchacho. 

   Aún la mente está fresca para agradecer a sus primeros profesores, como Ernesto Cuesta y George Pérez  “que me acogieron y soportaron mi adolescencia intranquila y entusiasta, porque a veces a los profesores les falta discernir cuando un alumno tiene demasiada energía y cuando es realmente indisciplinado.

  “Como adolescente, tenía mis preguntas y buscaba mis respuestas, y no siempre fue fácil convencerme. A algunos les molestaba que yo decía que quería ser grande. Eso, tal vez, creó un criterio de mi personalidad,  y crecí en esos avatares”.

    Sin embargo, cuando aprobó los exámenes para acceder a la Escuela Nacional de Arte, en la capital cubana, una profesora lo invitó a su casa, para tomar un refresco; pero en su hogar no fue simple sirope, sino toda un destilación de sabiduría:

   -Joherms, vas a irte ahora lejos de tu casa, donde no te conocen a ti, ni a tu familia. Tienes que portarte como todo un hombre.

     Le  abrieron una ventana al mundo... a un millar de kilómetros de su hogar de siempre.

  “Me tracé metas, era mucho más fuerte todo, chocando con idiosincrasias muy diferentes a las mías. Aunque todos somos cubanos, las regiones tienen sus especificidades. Era un muchacho más rebelde aún; lo afectivo lo encontraba de una manera muy aislada, y había que imponerse como alumno y como ser humano.

   “Empecé a confrontar con literatura especializada e información muy actualizada. Podía ir a bienales de artes plásticas, a festivales de cine, de teatro…. y mi acervo creció; pero esa impetuosidad no fue del todo aceptada, y uno encuentra un reducido grupo igual que tú, de tu misma raza”.

     Todo ello fue generando contradicciones, salvadas dos años después, con un nuevo viaje de casi mil kilómetros, al trasladarse a Santiago de Cuba.

  -Quizás, analizándolo a la distancia de hoy, haya sido hasta una suerte  esa formación en dos escuelas, por así llamarle, ¿no?

  “La Habana era una escuela tendencista, muy al tanto de lo que sucedía en el mundo, y era fácil ver al alumnado, inclinarse por lo que estuviera sucediendo en el mundo, y había más literatura especializada y actualizada.

  “Santiago era una escuela diferente, una escuela que está echando para adelante con la ‘bomba’, con el corazón. Tuve que reacondicionarme, porque la filosofía del alumnado era diferente. El claustro en Santiago era más joven, y pienso que buscaba tener en el aula no sólo al alumno, sino al ser humano.

 “En Santiago recuerdo a Carlos René Aguilera, hoy por hoy, en la vanguardia de la plástica de este país, y a su padre, José Julián Aguilera Vicente; a este último, solamente verlo era una exquisitez, un regalo de la vida.

   “También viene a mi memoria, el excelente grabador, Arturo Salazar.  Y  otros que no fueron mis profesores como Julia Valdés y Mayito Trenard. Pienso, que efectivamente, todo eso me ayudó, enriqueció mi personalidad. Hoy sé hasta donde puedo llegar, y hasta donde reservar fuerzas”.

  En 1989, Joherms Quiala Brooks obtuvo el título de... profesor de grabado y dibujo, en la Academia de Artes Plásticas José Joaquín Tejada. La vida seguía girando. Ahora, le tocaba una labor, en la que seguramente se encontraría a más de un adolescente “intranquilo y entusiasta”, a su imagen y semejanza... y vería que la razón tiene siempre sus cuotas.

  -¿Alguna experiencia en tal sentido?

    “Automáticamente, tengo que hablar de otra etapa cuando me gradúo, mi vida personal adquiere otro color, y empezaba mi enfrentamiento con un alumnado, tenía que hacer lo que otra gente hizo conmigo; pero bueno, como profesor ejercí poco, verdaderamente”.

-¿Y encontraste alumnos que te recordaran a ti mismo?

  “Sí, me encontré alumnos como yo, bueno, al menos con ese ímpetu... Y los  aconsejé, les hablé, nunca traté de cortarles o de ahogarles esa energía”.

   -¿Por qué grabador, y no pintor?

   “Pintor siempre fui, pero por consejo de un profesor, adopté como táctica, asistir como grabador al pase de nivel, porque era más fácil. Hoy quisiera recordar de lo que me gradué; pero es muy costoso el grabado, por los recursos, el papel especializado que tiene que ser de un grosor, las tintas, las máquinas, los ácidos, planchas, maderas…

  “ Luego, nadie produce algo para nada, sino esperando un consumo de lo que se produce, y para el grabado hay que tener un mercado muy preconcebido, difícil. Y luego intentar triunfar; pero siempre, siempre fui pintor”.

   Ya de vuelta en Guantánamo, Quiala dirige una galería en el pequeño municipio de Manuel Tames, en un período particularmente difícil, con dificultades económicas acentuadas, y la naturaleza hostil, la tierra siempre sedienta del lugar.

  “Ese trabajo como director, no me dejaba crear, ni participar en eventos, ni asistir a un salón, ni a casi nada; y decidí convertirme en lo que se conoce en el ámbito de las Artes Plásticas en la Isla, como artista independiente”.

¿UN GRITO O UN CANTO?

 Curiosamente en este joven artista, parecieran convivir dos grandes espíritus –acaso siameses-, que se complementan; algunas veces se bifurcan, se abren paso siempre y, finalmente se funden. El Quiala que busca la excelencia de su arte muy dentro de sí, el filósofo que parece tener por sus reflexiones, el doble de su edad, y el diseñador de su porvenir...

  ...Y el vecino desenfadado, nada académico, perfectamente instalado como integrante de un barrio “donde hay de todo, gente de diferentes colores y peinados, de diferentes sabores; gente que te quiere o que te odia. Un barrio donde están los olores de la vida, que tiene que ver con mis recuerdos y seguramente con el futuro. Un barrio de gente de pocos recursos económicos, sin esas grandes fachadas, en el que se vive luchando lo más posible”.

   -¿Cómo es esto de los colores y los sabores en la gente?

   “En cada momento, hay que saber identificar el color con qué vienes. Por ejemplo, si tú llegas a la oficina, y tuviste algún percance... te exigen, sin saber antes. Esa exigencia, crea un estado de ánimo, que puede ser receptivo o defensivo. Todos, no tenemos la percepción consciente, o no sabemos identificar, que color o sabor ambiental se crea, según la circunstancia.

  “Ahora mismo, hay un intercambio entre nosotros dos, se cambia de color y de sabor cuando tú inquieres y yo respondo, tú expones la idea y yo explico. En fin, no es algo físico, anatómico; es algo muy personal, y está en mi obra.

   “Por ejemplo, en El vendedor de riquezas. El ambiente de este señor, no puede ser muy poético, muy postal, porque detrás está el paisaje, pero el color  del paisaje cambió, porque él vende lo que no puede probar”.

      Su obra tiene toda esa fuerza que su carácter transpira. Asomarse a ella, puede causar escozor, pero no ha querido hurtarle luces y sombras al tiempo que le ha tocado vivir.

   Su autenticidad no admite vuelta de hoja; en ocasiones, mordaz, pero siempre transparente (La piel como riqueza: una mano rasga el paisaje, para descubrir que hay detrás).  Eros tiñe sus piezas.

   Varios son los rejuegos y recontextualizaciones que ha establecido con obras famosas, en la fotografía o la pintura, cubana o universales. Vale destacar, por ejemplo la obra Juguete,  apropiación doblemente simbólica de una obra del afamado fotógrafo cubano Alberto Korda. Ahora, la niña aprieta una lata de Coca Cola.

    En su casa, las fotos, y los cuadros a medio hacer, te acompañan de la sala hasta el patio, muestra de una incesante actividad, de peticiones crecientes y de ideas en ebullición a altas temperaturas. Su hijo Olaph, ya anda rasgando papeles.

   “Todo hombre es hijo de su época. Así lo dijo el Apóstol, José Martí, y a mí, como artista me toca hablar de los acontecimientos que han marcado la idiosincrasia del cubano en los últimos años, como ha sido la irrupción del dólar, las dificultades económicas.  El artista es como un cronista, pero hay quien lo lleva a su arte más lírico; otros, más crudo, o con más artificios, y de eso se trata”.

   ¿No te ha asaltado el temor, de que esa referencia marcada a un contexto tan concreto, incida en una caducidad prematura de tu obra, o la aleje de públicos más universales?

  “No, porque la universalidad  de la obra de un artista, la da un proceso. Sería hipócrita,  que un artista tomara como ambición, que desde un primer momento, su obra formara parte de un lenguaje universal; sin que antes haya habido un proceso para discernir lo valedero de esa obra, donde afincar esa universalidad.

  “Sería un poco triste escapar de lo que inmediatamente me toca, para  intentar alcanzar lo que quizás se demore muchos años. Además, sería bueno  que el proceso evolutivo de mi obra, se vea desde su raíz. No me molestó, ni me molesta hablar de un contexto inmediato, y hoy, sigo conviviendo con él”.

¿Tus obras son, un grito, o un canto?

  “Es primera vez que alguien lo reconoce; pero es lógico, que las etapas de un artista se reflejen en su obra. Eso depende de los valores sicológicos, circunstanciales, sociales, que rodean al artista. Y si soy buen comunicador, tiene que reflejarse eso, y parece que lo he logrado: unas veces con un canto, otras con un grito”.

-Con esto que me dices, paradójicamente, Guantánamo no parece estar en tus obras, al menos en una parte importante de ellas...

  “Si vamos a hablar conceptualmente, a Guantánamo, nunca lo vas a encontrar, porque lo que más le agradezco, es que haya fundado mi personalidad, rebelde; eso nació aquí.

   “Formalmente tengo el propósito de retratar el rostro de Guantánamo, mi rostro de Guantánamo, tiene que volver a hacerse, porque ahora tengo un mejor criterio, soy más profesional que hace años cuando hice una serie; pero aquella era una mirada romántica a una ciudad, de quien aún no la ha descubierto del todo”.

    -Un intelectual guantanamero afirmó que Guantánamo tiene sus encantos puertas adentro ¿Coincides? ¿Lo has buscado?

    “Hay que estar muy metido dentro, excavar muy profundo; pero siempre he creído que incluso del momento más dramático, del lugar más difícil, si lo sabes buscar bien, hallas el momento de poesía, algo que te hará soñar”.

  -¿Siempre es crítico ese diálogo tuyo con el paisaje?  .

  “Estás hablando con una persona que odió el paisaje cuando era estudiante. En clases, yo hacía una yerba, o un tronco de árbol, no el árbol completo. Hoy, otras circunstancias me han hecho cambiar la fórmula formal para hablar de la obra de arte; pero lo mío no es reproducir lo natural pictóricamente, sino que el paisaje hable, o se defienda, o actúe.

  “ El paisaje no es siempre lo que te rodea, sino lo que va a determinar la razón de que estés ahí. Ahora pinto a partir de fotografías que tomo o que encuentro. Las fotografías las hago coincidir con la idea que tengo.

  “En general, a la hora de pintar, sueño con mi cuadro, luego lo hago. Estoy viviendo una etapa donde no hago bocetos. Hay que tomarse un tiempo para separarse de los dogmas o metodologías que enseñan en las escuelas. Hoy, hasta intento forzar el sueño; pero no gasto papel, gasto tiempo de sueño: memorizo la imagen”.

   -Y muy frecuentemente, te sueles pintar. ¿No abusas de tu ego, o es una necesidad de reafirmación de tu personalidad?

 “Sí, también me suelo pintar. En todo ser humano hay un ego, si yo hablo de la gente de mi entorno, también debo decir como soy y que espero de mí. Es algo muy normal, es un impulso, no hay nada preconcebido”.

  ¿Qué cuota has podido reconocer en tu personalidad, sobre el hecho de pertenecer a la raza negra, si la has reconocido, claro? ¿Dónde hallarla en tu pintura?

     “Nos debemos a una tropicalidad, y evidentemente eso activa la manifestación en el uso de los colores, colores muy particulares que tiene que ver con la concepción de un mensaje. Me toca expresarme como artista, pero antes negro; es que no puedo ignorarlo, sería una ignorancia, ignorarlo. Lo primero que obtienes de la persona es su impresión, y como tal me manifiesto.

   “Si no sé dirigir mi pensamiento y mi accionar, no podría hablar de la intención de un éxito. Un negro tiene que ser lo más auténticamente posible, no dejarse presionar por nada, ser absolutamente tú.

  “Los negros tenemos que hacer algo por nosotros mismos, sino seguiremos siendo los olvidados. Siempre tengo un mensaje para la gente de mi raza: que seamos señalados con el dedo, por cosas hermosas, que hay belleza más allá de las rosas blancas”.

LA EPIDEMIA DALISIANA

   “Todas las mañanas, cuando despierto, experimento un placer supremo: el de ser Salvador Dalí”. Y no le ha bastado, porque el artista español (1904-1989), ha dicho que su nombre fue Salvador, porque “estaba destinado a ser el salvador de la pintura, amenazada de muerte por el arte abstracto, el surrealismo académico, el dadaísmo en general, y todos los ‘ismos anárquicos”.

    A veces se confunden el genio y el loco, del excéntrico pintor que con sus  bigotes arqueados se paseaba por el mundo como por la sala de su casa. El creador de las “jirafas en llamas”, los elefantes con patas de arañas y la “naturaleza muerta viviente”, se ríe del tiempo y la geografía, con una pintura de quilates pocas veces alcanzados.

     “El contacto con Dalí ha sido solamente literario. Anhelo tener un contacto directo con su obra. La inclinación hacia él, fue algo que nació en el deseo de ser como él, desde el punto de vista de la huella que le dejó a la humanidad.

  “Mi política personal se rige por el lema que dice, que del hombre no se hablará de cómo se vistió o de que perfume usó, sino de la huella que dejó. Y sus huellas me han alcanzado a mí también. Me fui inyectando, a manera de una epidemia dalisiana, de la cual padezco; pero quizás el contagio no sea igual que en otras personas”.

   -Influencia tan marcada, a veces puede afectar la obra propia, o convertir la admiración en hartura, en una reproducción de códigos, ¿no crees?    

  “Admiro sobre todo la resolución formal de su obra, porque intentar entrar en el mundo subjetivo de alguien, ya eso es materia a veces estéril, o de dudoso resultado, una frescura… sea uno artista o panadero; aunque un crítico podría no estar de acuerdo.

  “Siempre supe diferenciar lo que era influencia y que era copia. Una parte de mi obra está mirándolo siempre; pero nunca imitándolo”.

-¿Siempre a la defensiva?

  “Sí, porque mis inicios como artista, han sido determinados por los enfrentamientos. Estás hablando con una persona absolutamente defensiva, no agresiva; porque nunca le quitaría tiempo a mi creación, para pensar en una estrategia de agresión contra nadie.

  “ Soy de los eternamente alertas, los que tenemos una segunda piel a buen recaudo, esa que corresponde a tu supervivencia contra lo que puedan pensar o hacer contra ti,  y no nos desnudamos jamás de ella”.

-¿Defensivo contra qué, contra quiénes?

  “Contra todo. Si alguna vez lo que tú haces no está en armonía  con ciertos intereses generalmente aceptados, o cierta manera de ver, esa es la hora en que tu obra es cuestionada. Lo que se censura, es lo que nadie espera de ti en un momento determinado; no es exactamente lo que está mal hecho ni mal dicho, y eso pasa en todas las esferas de la vida.

  “Creo en la perfección humana. Soy ambicioso, soñador, quiero ser el mejor padre del mundo, quiero ser el mejor esposo, el mejor artista, el mejor hombre y el mejor amigo, aunque esto último a veces es un poco onírico, difícil de definir”.

-¿Acaso, no piensas que te exiges demasiado?

  “Sí, pero esas son las condiciones para sentir que uno está llegando, quizás no vivas hasta allá, pero si no te exiges tú, ¿quién va a regular tu perfeccionamiento personal, la limpieza de tus actos? Eso  lo cuido mucho, porque me interesa mirar atrás y saber que no aplasté, ni herí, ni discriminé a nadie. Ese soy yo”.

   -Es este libro, un intento de promoción que sobrepase las contradicciones Cuba-Estados Unidos. ¿Algo qué decir?

    “Dios quiera y que este intento de promoción que se hace con nosotros, sirva de puntal para el puente que un día se ha de lograr. Ojalá vivamos el ojalá, y que todas las diferencias se acaben. Y cuando se logre, sirva de ejemplo al perfeccionamiento humano”.

-¿Cuáles sueños has logrado materializar a estas alturas, y cuáles te importa alcanzar todavía?

  “Los pocos e inconformes resultados que he logrado, están en coincidencia con lo que siempre quise desde niño: ser pintor.   Ahora bien, un sueño que quiero tener, es colgar una pieza mía en El Louvre, al lado de una de Dalí, y lucho porque la vida me dé ese regalo”.

-Pero, ¿cuánto eres capaz de dejar atrás para ser el mejor artista, por estar al lado de Dalí?

“Todo está en equilibrio, y si sólo me preocupo por ser el mejor artista, y dejo atrás lo demás, creo que no podré llegar a ser nada”.                  

   

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