Jorge Luis Hernandez Pouyú - Entrevista

CADA ARTISTA TIENE QUE HACERSE SU PROPIA ACADEMIA

Por Reinaldo Cedeño Pineda

Soy un alma libre. “Se puede vivir en el culo del mundo, y ser un iluminado. “ Los colores feos no existen”. “Siempre elegí los caminos más difíciles”. “ En una obra de arte, nunca se pude escatimar”.

Bajo la parra, la tela virginal, y el pintor a punto de “pecar”. El sublime “pecado” de crear un mundo propio. “Un paisaje repleto de grupas, ojos, sexos, signos dentados, anchos filamentos rojos o negros sobre en el cual se ensaya una especie de ritual de choque y sobrevida”(Antonio Desquirón).

A contrapelo del padre o de las academias, de la mano de su progenitora y bajo su propia estrella, Jorge Luis Hernández Pouyú decidió que sería pintor.

Sus primeros pasos los encaminó hacia el mar, inocente mirada hacia el infinito que el tiempo iría aguzando. En Chivirico, distante de la cabecera oriental de la Isla -Santiago de Cuba-, andaba su madre de profesora en el mundo de las Matemáticas. Mientras trataba de introducir a los niños en los teoremas pitagóricos, dejaba a su pequeño hijo, libros para que se entretuviera. Allí mismo, entre cifras y filosofías, plantó sus primeros garabatos.

Sin embargo, no fue común verle en juegos con el resto de sus coetáneos. Aquel niño nacido el 27 de marzo de 1967 en la calle 8 del santiaguero Reparto María Lina, padecía frecuentes problemas bronquiales y debió pasar mucho tiempo en la casa, entre la lectura y el dibujo, o en el intento. La influencia de los animados norteamericanos era cierta, y no sabe cuantas veces reprodujo con lápices de colores y a su manera, a Mickey Mouse, Betty Boop o Super man.

Es una historia que suele repetirse, y donde la vocación acaba por imponerse. Mientras estudiaba química, iba por la noche a la escuela de artes plásticas. Ojos atentos, modelado y papel maché... pero aquello no duró mucho, “mi formación ha sido mayormente autodidacta. Soy de alma libre, no me gusta que me impongan las cosas. Cuando las cosas te llegan, fluyen; y tal vez no había, o no encontré, un profesor líder en aquel tiempo”.

UN SEÑOR MUY JOVEN CON UNA CARPETA MUY GRANDE

La Habana se le presentó como el camino para alejar la renuencia paterna, y el salto definitivo que le confirmaría. La Academia de San Alejandro sería su aspiración, pero... entretanto, se vinculó a los talleres de varios creadores y al Fondo de Bienes Culturales, una entidad promocional de las diferentes manifestaciones de las artes pláticas. Una eclosión creativa se abría ante él como fragua de inquietudes e impulso de voluntades, todo en una edad que le haría encontrarse a sí mismo.

El ilustre nombre de Eduardo Abela era el escogido para uno de esos talleres, en la localidad capitalina de Playa. Por allí desfilaron alumnos de San Alejandro y consagrados, pintores y escultores... “Esa es la experiencia que yo buscaba, que yo quería. Estuve mirando y grabando, después estuve en el taller de serigrafía

-otra técnica de grabado-.Fueron años en eso.

La Bienal de Artes Plásticas de La Habana, como punto focal de conjunción de tendencias y de artistas de alto prestigio del mundo, fue un deslumbramiento. “Conocí a muchos artistas, como Hernández Larrinaga, y sobre todo, fui viendo como los artistas gestaban la obra. Eso fue muy esclarecedor. La escuela, a veces, es como un dogma; a veces, te puede matar el ángel o la iniciativa, o te uniforma”. Sin embargo, el encuentro con el afamado artista argentino Julio Le Parc- especialista del llamado arte cinético y arte óptico-, fue uno de esos sucesos que marcan la vida para siempre.

En el mismo corazón de La Habana, El Vedado, Le Parc había montado un taller participativo. La invitación del sudamericano fue amplia, para artistas de la talla de Raúl Martínez, Aldo Menéndez o Martínez Pedro, y también para jóvenes como José Finalé. La oportunidad era única, y Pouyú supo verlo. Ahora que lo recuerda, es capaz de resumir con una frase en buen cubano: “ Entré suavecito al lugar, y después, casi me hice ‘dueño’.
“Le dije: yo hago cosas, yo también pinto. Le llevo una carpeta enorme, que también tenía en aquel tiempo, más grande que yo, y con ella viajaba a todas partes. Era una osadía mía. Se entretuvo mirando aquello, y yo... esperando el veredicto.

¿Y cuál fue?

“Me dice: yo creo que todo está bien. Hay técnica, hay otras cosas que debes seguir mejorando; pero está bien, hay una idea, hay algo... pero son muchas cosas diversas...”

¿No te desanimó aquello?

“No, para nada; yo empezaba. Recuerdo que me dijo: Pienso que debes tomar todas esas cosas y hacerlas un todo. Me estaba diciendo que encontrara mi camino, ¿entiendes? Eso para mí fue buenísimo, empecé e darme cuenta que era lo que yo quería”.

¿Qué había en la carpeta?

“De todo. Dibujos a tinta, retratos, cosas expresionistas, animales en un mundo onírico, fantasioso”.

¿Nada académico, no?

“No, pero no tengo prejuicios contra la Academia. La Academia te da los sedimentos, y si hay una gente inteligente y hábil, absorbe la Academia y puede ser algo muy bueno; pero la Academia no es todo. Cada artista debe hacerse su propia Academia. Como poner el color y la forma como compones, eso es tuyo; ese es tu aporte y lo que han hecho todos los artistas que se han respetado”.

Todavía quedaba el influjo espiritual de Antonia Eiriz (VER Años), una de las personalidades más recias y originales de la plástica cubana contemporánea. Bastaría ver una de sus propuestas, La anunciación, para darse cuenta.

“Desde que conocí el expresionismo, y vi obras en vivo frente a mí, como las de Antonia Eiriz... ni hablar. Cuando vi una muerte jugando pelota, y vi otras cosas con papel maché en el reparto Juanelo, en un taller que ella dirigía; eso me impresionó mucho. Hay un crítico que dijo de Antonia, que donde había un aura tiñosa, ella no podía pintar palomas. Quisieron prohibirle una forma de pintar, y ella se fue a hacer su taller de papel mache. La pintura cubana se divide antes y después de los 70, una etapa de ‘oscurantismo’ en el arte. Yo hubiera querido que ese carácter, que esa figura fuera maestra mía”.

(Fue aquello, lo que el ensayista Ambrosio Fornet ha llamado “el quinquenio gris de la cultura cubana”. Una etapa en que se interpretó la producción artística bajo parámetros muy estrechos, y se descalificaron a algunos creadores).

Habremos de entender que con todas aquellas vivencias en los talleres, cuando a Jorge Luis Hernández Pouyú le llega la confirmación de la Academia de San Alejandro, ya estaba de regreso a su ciudad natal, cargado de ideas. Y con unas ganas irrefrenables de pintar.

LUZ DESDE LA PERIFERIA. LOS ARTISTAS CANÍBALES

Para algunos teóricos, el mundo se divide en el centro y la periferia. Entendida la primera como las grandes capitales de los países desarrollados, desde donde se emite la cultura. Para el resto, quedaría la sombra, el consumo de modelos, la copia, la misión de espectadores; tal vez, alguna excepción.

Bajo ese pensamiento, la Isla de Cuba estaría en tal periferia; y los que se hallen fuera de su capital, en la incómoda situación de estar en la periferia de la periferia. Seguramente, la dura tarea del indio. Por suerte, el mundo no cabe en teorías reduccionistas. El verdadero artista no anda de lágrimas, sino de creación. El arte auténtico no hay Dios que pueda detenerlo. Se resiste al encasillamiento, a la calidad determinada por la frontera y suele diseminar -tarde o temprano-, su diferencia vivificadora. Pouyú sabe crear con esos presupuestos.

“Hay toda una generación influida por las inquietudes creativas, sin servilismos. Influida, también por la vanguardia europea, y se hacen obras muy comprometedoras, algunos dirían que subversivas; contestarias, si quieres. Ese componente crítico, siempre estuvo en sus obras. Es una tradición que siempre estuvo aquí, de Carlos Enríquez a Chago Armada.

“Lo que define a todo un país y a una nación, es que lo que pasa en la sociedad, siempre esté en la palestra. Eso le hace bien a la gente y a la sociedad. Esta generación de jóvenes artistas caníbales, con una obra reveladora, fue la nueva vanguardia, permeada de todo eso. El tiempo de formas como el performance, el happening, el boddy painting...

Tales proyectos nuclearon a algunos artistas de todo Oriente, como Bárbaro Miyares, ‘un iconoclasta irreverente’, Mearson Daniel Zafra, a Carlos René Aguilera, Raúl Estrada y el grupo La Campana, este último de Las Tunas. “Era un grupo heterogéneo, de personas con una idea estética común; un grupo que se movía junto, y exponía junto como los caballeros de la mesa redonda. Hoy, algunos andan regados por el mundo y otros son figuras del arte en Cuba”.

Hicieron su ruido desde la periferia... ¿no?

“Si no tienes valor para trabajar desde la periferia, terminas aplastado. Se hablaba un idioma común. Creo, que hoy, el arte tiende a ser mas individual, tal vez es una época que no se volverá a repetir. El arte es una cosa que no se puede parar. Ya había ganado premio en los principales salones de la ciudad y participando en muestras colectivas.

“Estar en Oriente, no me ha impedido crear. Hay personas que viven en París y nunca ven la luz, y están en el centro del mundo. En cambio, se puede vivir en el culo del mundo, y ser un iluminado. Si uno es inteligente, también le saca provecho al encanto, al el reto de saber como uno hace arte desde la periferia."

“La gente con quien ha estado trabajando, nunca se ha detenido, nunca se he rendido. Lo importante es que aunque estés en la cima del Himalaya, y te falte el aire, nunca dejarse vencer, y tratar de llegar. Cuba tiene dificultades; pero Cuba es un país con una altura, con una leyenda. Es muy importante ese sentido de pertenencia y como haces arte desde ese lugar. Quiero hacer el arte desde donde estoy”.

UN POCO DE RABIA Y UN POCO DE AMOR

Esta gente es de todo, sería su primera exposición, en la ciudad de Camaguey. Bautizada como Puerto Príncipe, ciudad ganadera y mediterránea; se le conoce con el sobrenombre de “La ciudad de los tinajones”. Anchas vasijas de barro se pueden encontrar por doquier, primero para almacenar agua; hoy, de simbólico ornamento.

Allí acogieron su primera muestra en grande en el año (1989). Exposición influida por las expresiones y el ánimo popular que tanto se respira en su barriada, y con la técnica de tempera sobre cartulina. A ello estaría vinculado todo un carácter, la crítica Nereyda Lahit, alma de los jóvenes artistas, impulsora de sus propuestas y allanadora de caminos.

“Cuando se hace una exposición personal, es porque hay un material, una idea que exponer, un salto... hay algo novedoso que mostrar, una filosofía.

¿Y cuál es tu filosofía?

“Mi filosofía es la del hombre, la de subsistir. Un creador debe tener un sedimento cultural grande, para hacerle frente al cuestionamiento y planteamiento de su misma obra; debe tener una gran carga humana, una gran carga humana. El artista, nunca debe dejar de ser agresivo, debe actuar siempre con un poco de rabia y un poco de amor. Hay que tener equilibrada esa balanza”.

Los nombres de Mearson Daniel Zafra (Guantánamo, 19 ) y el de Pouyú, han estado ligados por ideas comunes en el orden estético y conceptual, por una amistad firme, por un valor reforzado a cuatro manos; sin que ello contamine sus obras, sino lejos de ello, las eleva mutuamente. No hay compadreo, son de una generación que se habla a sí misma sinceramente. Un team de trabajo que ha entregado muestras bipersonales como Desde la atalaya y Painting con título, y tiene muchos proyectos.

La abstracción es vaso comunicante en el orden de las formas, para ambos artistas. En pleno siglo XXI, las artes han pasado ya en su historia por disímiles maneras, y en la actualidad, conviven muchas de ellas. Unas logran inmediata empatía; otras, precisan, mirada a fondo, sagacidad para saber acercarse a la obra, descubriéndole la belleza o intuyéndole la idea, tras el trazo inesperado, súbito o esencial.

“A estas alturas, no creo en que un arte tenga más salida que otro. Los caminos menos trillados, son los más interesantes. Opto por la búsqueda, el aporte diferente. Pienso que el arte, es ante todo, el concepto, la idea. La parte pictórica está en segundo plano.."

-¿Crees eso firmemente?

“Sí. En mi caso, mi obra es cada vez más simbólica, mas minimal, ¿entiendes?. Un artista no puede estar pensando si tiene un público o no. Un artista crea. Las artes plásticas no son de multitudes, ni de masas. Quien quiera hablar de masa que vaya a un concierto de un grupo popular, a bailar a una discoteca. (VALORAR) A ver, el grupo Los Van Van, por ejemplo, y que conste que no tengo nada en contra de ellos, es muy buen grupo."

“Hace falta un ojo adiestrado y con poder, para colocarlo en el sitial que se merece. Mi obra empieza con el pensamiento, y a partir de ahí, empiezan los colores, y toda la parte linda del arte. Se utilizan los mismos pigmentos y soportes de hace muchos años, pero busco un aire un poco diferente. Siempre he elegido los caminos más difíciles, hasta en mi vida personal, nada se me da fácil”.

-¿Tienes asumido que una líneas, que un trazo, que un punto es capaz de evocar sensaciones hasta el infinito?

“Yo creo que sí, todo está en de que manera lo logres. Ahí radica el arte, en el cómo yo escribo mucho la idea y hago bocetos sobre los títulos y hasta los colores posibles”

-¿Esa libertad que le das a la gente al enfrentar tu obra, no te preocupa que incluso lleve al espectador al otro extremo de lo que quisiste decir?

“Eso, también es interesante. Me pasó en la exposición Motivos reales. La gente llegaba, podía encontrar la obra linda, pero yo necesito más. En una pieza como Turba, se habla del comportamiento social, y a veces, puede ser frustrante que alguien le encuentre un contenido diferente a lo que querías decir. Eso depende de cómo mueves los resortes, y eso llega con la maestría. Lo que no quiero ser es literal. Estas obras tú la vas leyendo en la distancia, tal vez con los años. No creo en el estilo, aunque haya formas recurrentes."

“Ahora bien, si te detienes a oír todo lo que la gente puede decir de tu obra o de ti, no sales de tu casa; aunque hay de quien aprecio su opinión. Cuando alguien dice una cosa buena fe, podemos discutir hasta el cansancio, porque también uno como artista puede tener sus altas y bajas."

“Por ejemplo, una amiga mía me hizo la propuesta de exponer en la Alianza Francesa, en Santiago. El título fue Estaciones Inasequibles (VER). Yo invité a gente de diferente extracto social: santeros, catedráticos, amas de casa... a la gente. Yo creo que hubo comunicación, a pesar de que era ‘inasequible’. Después, expuse en el Salón Parroquial de la Catedral, y la gente no se quería ir de allí. Todo el mundo expone en los mismos sitios, y a mi me encantan los lugares extraños, vírgenes”.

-Creo que lo bello es de una relatividad impresionante. Es sabido que para una persona es más fácil señalar un objeto bello, que definirlo. Tu obra no suele caracterizarse por colores, permíteme llamarle “típicos”, esos azules brillantes... ¿Hasta dónde buscas lo bello a través del color?¿Cuánto ocupa de tu concepción, a la hora de hacer una obra?

“Mira, una amiga mía me dijo que mis colores eran sucios, fuertes... y yo le dije que eso es lo que yo quiero. No me imagino mi obra con colores rosas ni edulcorados. La obra lo pide, es un concepto, un sentido. El azul me gusta, pero puede sacarme la obra de lugar, y no quiero caer en lecturas de ese tipo. La paleta la he restringido. Los colores feos no existen, lo que hay que saber es donde ponerlos, para que el conjunto se vea bello. Lo feo y lo bruto, también tiene su estética y su filosofía”.

LOS REALES MOTIVOS

Jorge Luis Hernández Pouyú ha segado no pocos premios en su cosecha, y responsabilidades en el mundo cultural. Óleos, textos y discos se confunden en su cuarto. Algunos le dicen El Albino, pero es sobre todo el amigo y el pensador. Tiene mucha gente pendiente de su vida y obra: sus amigos, de aquí y allá. En el recuerdo, Armando Rodríguez, amigo, pintor y rebelde.
Desde la República Dominicana, Bárbaro Miyares, le entregó su apreciación de conocedor, a propósito de su muestra Motivos Reales:

...el conjunto de la obra producida por J. Pouyú, está asentada solamente en tres elementos discursivos: el primero, tiene que ver con cierta amplificación graficada del gesto plástico; el segundo, con una irreverente poética del color, y el tercero, con un carácter enunciativo incuestionablemente crítico... en
rigurosa oposición a los estándares folclorizados, los localismos vacuos y las artesanalizaciones convenientes...

¿Qué páginas andarán devorando sus ojos?. ¿De qué recóndito lugar vendrá, de dentro de sí, cuando le llamo y regresa de la nostalgia de un blues de la Vaughan?

“Es una pena que haya distancia entre dos potencias culturales como Cuba y los Estados Unidos Me gusta mucho la música norteamericana, el blues, el jazz, Aretha Franklin, Sarah Vaughan, Billie Holiday, Louis Armstrong... Cuando tú oyes el rap, hay una fuerza increíble. Son muy interesantes las cosas que se cocinan allá y aquí. Es hora que se logre un puente real de intercambio, y no tenerle miedo a eso”.

-¿Por qué los grandes formatos de tus piezas?

“Siempre nos han dicho a Zafra y a mí, que nos hemos caracterizado por cosas monstruosas, cosas grandes. Son obras de dos metros, más o menos. Hubo un tiempo que esto se perdió por la escasez de materiales, pero yo pienso que el espacio es importante. Hago una obra, para que puedas perderte en ella. Eso nació como comunicación, era un poco para llamar la atención. Era como decir: ‘aquí estoy’. Era una manera de comunicación."

“En una obra de arte nunca se puede escatimar, aunque te vaya en ello todos los recursos, toda la vida”.

Urgido de espacio, anda empeñado en tener un taller, “un verdadero taller”, porque nuevas ideas alumbran su futuro, guardadas pacientemente... por el momento. Mientras acaricia ese proyecto, le dejo allí, bajo la parra, la tela virginal y a punto de “pecar”.

   

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