|
Marcos
Pavón
Estrada - Entrevista
Siempre pongo por delante la esperanza
Por Reinaldo Cedeño Pineda
Sumario:
La voluntad infinita de un ser humano. Una obra
que vale por si misma. Historias de la mitología
campesina cubana. ''Pinto mi imaginación."
Un artista que pertenece a la Asociación Internacional
de Pintores Con La Boca y El Pie.
—A ti sólo te voy a enseñar
a leer, porque tú no puedes escribir, Marcos...
mi Marcos. Un mar batía olas dentro, y la madre
dejó los ojos en las montañas, como
rocío.
—No, yo si puedo, mamá… póngame
el lápiz en la boca.
Y Ramona Estrada copió las cinco vocales en
aquel cuaderno. El niño se inclinó,
apretó con labios y dientes, y escribió
debajo. Despacio, lento el trazo y aparecieron: a,
e, i...
La escuela quedaba lejos, más allá
del brazo extendido, detrás de la montaña,
y los hijos eran ¡ocho! Ramona decidió
entonces que ella misma sería su maestra, de
los propios y los ajenos, en aquel paraje entre Perronales
y Aguas Claras, actual territorio holguinero. La reina
era la naturaleza, el caballo su mensajero; su espejo,
el río.
Pero no sólo era la letra, no. "Mi mamá,
dibujaba muy bonito. Ella hacía florecitas,
casitas, todo 'naïf', y las ponía en las
paredes, en la mesa, y yo le prestaba muchísima
atención. Encárgueme lápices
de colores, mamá y una libreta blanca... que
voy a pintar."
El asombro no cabía. Mientras los hermanos
crecían, andando por esos montes, él
se quedaba en el portal, esperando. Escuchaba la radio,
o el canto del sinsonte queriendo ser gavilán.
Y el verde, verde a trazos, verde inmenso.
La pobreza era visita permanente en el hogar, cobijado
con hojas de palma real. Nuestro entrevistado intenta
definirlo con una frase:
"allí se hablaba de yuca y ñame";
pero aquel paraje rural era rico en historias, por
eso aunque pareciera predestinado para hacer paisajes,
este hombre confiesa que no copia lo visto, sino que
“…lo que más me gusta es pintar
mi imaginación.”
DE BRUJAS Y DUENDES
Después que el abuelo comía, reclinaba
el taburete y se recostaba a la pared de yagua. Cuando
la noche iba desdibujando poco a poco cada rama, hasta
tragárselas, entonces ponía el rústico
asiento debajo del brazo, entraba a la casa y decía:
"ya andan las putas esas jodiendo por ahí.
Y las "putas"... eran las brujas, que él
decía sentir volando sobre el río o
cruzando la loma, o hasta en el caballete de la casa.
Un día en que el pintor parecía agotar
sus imágenes, el abuelo le trajo con mano generosa,
desde el recuerdo, todo ese cosmos de la imaginería
campesina cubana, con todos sus personajes, pícaros
y diablillos.
"Si los escritores famosos escriben del lugar
donde nacieron, yo voy a pintar del lugar donde nací,
aunque sólo haya duendes, jigües y brujas.
Empecé a pintarlos en 1985.
"Quise rescatar todo ese acervo, y por eso hago
la serie sobre mitología campesina. En el campo,
a las gentes mayores le gustaba conversar sobre esto,
pero ya eso se ha ido perdiendo. Lo pinto para que
no se pierda, para que quede constancia".
Marcos Pavón sabe entenderse perfectamente
con estos seres. A las brujas las dotó de amplios
vestidos violetas, "porque para mí es
un color macabro", y los jigües: inofensivos,
negritos y desnudos, bañan a los niños
en lagunas y charcos. "¿No te das cuenta
que alguna vez, todos han formado parte de la historia
de la gente?".
Sobrecoge, por citar un ejemplo, el trazo vivo, el
grito sostenido de La bruja de los niños
muertos. La obra cuenta la leyenda de una mujer
a la que se le murieron los hijos sin bautizar, después
ella también muere y sale su fantasma, pidiendo
en misericordia que le bautizaran sus hijos.
"Dicen que cuando una bruja se tira a recoger
los granitos de mostaza, las puede sorprender el día,
y eso lo he pintado; pero... todas las brujas no han
debido de ser feas ni malas, también las he
bajado de la escoba y las he puesto a barrer los patios.
Y las he puesto con flores, porque dicen que las flores
más lindas las trajeron las brujas desde las
Islas Canarias. También hay belleza en su movimiento,
y según el contexto en que uno la pinte."
Cuando quiso poner en un cuadro de brujas a su primo
Paco, este le miró incrédulo, ¿pero,
qué voy a hacer yo en un cuadro de brujas?
El artista acudió a su reservorio inagotable
y se dio cuanto del aprieto, hasta que decidió
hacer su propia fábula:
“Le puse una botella de ron en una mesita, mi
primo mirando hacia el reloj que marca las 12 de la
noche. Y he dicho, que cuando uno se embriaga y pasan
las doce de la noche, puede ver brujas y duendes que
bailan, ¡no digo yo!
“Ahora mismo que estoy hablando contigo, ya
me están surgiendo ideas... ya tengo ganas
de pintar mis brujas"
SI CAE EL PINCEL… YO SIGO
La pintura intuitiva, espontánea y sencilla,
fue enriqueciendo su grosor artístico, al fundirse
talento natural, voluntad infinita y la enseñanza
del arte que aprendió en circunstancias muy
especiales.
“En el año 63. Ingresé en el
Hospital Frank País de La Habana y había
una escuela diferenciada, había una profesora
de pintura y escultura, Norah Lamboley, y fue la primera
vez que me enseñaron en las artes plásticas.
"Fue muy libre todo, ella tenía que atender
a muchos muchachos. Yo estaba siempre en el aula,
y cuando ella se iba, me dejaba la llave y... era
mi estudio.
Ahí pintaba y hacía cosas, que luego
ella me criticaba y me ayudaba a corregir. También
descubrí el toque del dibujo en blanco y negro".
Un aditamento especial para trabajar con la boca,
le permitió aprender el pirograbado... pero
no bastaba para Marcos. Al volver del centro asistencial
a su Holguín, ingresó en la Escuela
de Arte y en 1969 se gradúa, lo que le permite
desde 1970 hasta la fecha, trabajar en la Casa de
la Cultura "Manuel Dositeo Aguilera".
–Pintar siempre es un reto; pero a
usted debe haberle resultado doble...
"Empezar es muy difícil. Delante del
lienzo en blanco, no hay de donde agarrarse. Logras
madurar la idea, tienes que buscar la composición,
y el resto, es trabajar. Después de los primeros
trazos, ya va surgiendo la figura, te vas emocionando
y cogiendo un gran cariño por lo que vas haciendo...
luego, a poner los colores.
"Comienzo por el dibujo, pero pinto directo
con óleo. Cuando tengo la figura esbozada,
le doy un toque de sombra, dejo que se seque y empiezo
con los colores. Si estoy haciendo una línea
con un pincel plano, y una parte más fina,
lo viro de canto, en la boca... Y me canso mucho,
ya estoy viejo".
–Sinceramente, parece poco menos que
increíble lo que hemos visto que usted hace,
¡ y lograrlo con el pincel en la boca!...
"... Me ha pasado que hay personas que no lo
creen, y tengo que hacer demostraciones públicas.
Es lo más difícil, me pongo nervioso.
Recuerdo que en una de esas actividades, se tiró
un niño por debajo de mi silla de ruedas, y
me salió por debajo. En muchos lugares, la
gente se ha aglomerado para verme pintar.
"Pinto en mi propia casa, en un cuarto que da
a la calle, pero tengo capacidad para abstraerme,
y no utilizo modelos. Mi caballete sube y baja, una
facilidad creada para mí
"Pertenezco a una Asociación Internacional
de pintores con la boca y los pies que radica en Liechtenstein.
Sugieren que pinte paisajes, flores… que no
es lo que me gusta, pero comprendo que lo hacen para
hacer postales decorativas y poder retribuirnos".
–¿No se ha sentido frustrado
cuando el pincel se le ha escapado de la boca?
"Ha pasado, se me caído, pero entonces
llamo a mi esposa Alba, o a alguien para que me lo
recoja; pero no me detengo por eso, yo sigo. Antes
mi madre, y ahora Alba y el pintor y amigo Argelio
Cobeilla, me ayudan en la preparación de la
pintura y los marcos".
–¿Colores?
"Me gustan los colores fuertes. Los colores
llevan un mensaje y mientras más puro, más
llega el mensaje; el amarillo me gusta por la luz
del sol, me encantan los amarillos. En general me
gustan los colores contrapuestos, se logra dar más
fuerza a las figuras. La abstracción me parece
que no dice nada, y la pintura debe decir algo
"Hay días en que pinto demasiado, y otros
en que no pinto nada. Llevo al lienzo la batalla de
los hombres, por su fuerza y movimiento, y de ahí
la serie sobre Historia de Cuba. Hasta hice una virgen
María, pero a mi manera"
–¿Ha asumido usted alguna influencia
técnica, espiritual, o se identifica particularmente
con algún pintor?
"Admiro la línea de Wifredo Lam, picuda
y con ángulos. También a Amelia Peláez
y Víctor Manuel. Me siento por encima de muchos,
pero también por debajo de muchos. En Holguín,
en Oriente, no es tan fácil darse a conocer,
aunque yo he ido a todos sus municipios. En La Habana
están los medios, y cualquier 'pintorcillo',
puede ser conocido".
–Hemos visto en un documental sobre
su vida, que una muchacha le pide que la pinte, pero
que lo haga… por dentro. ¿Cómo
se logra esto?
"Bueno, conociendo a la persona uno puede hacerlo,
uno puede pintar y así lo hice. El pájaro
azul es la libertad, que ella creía tener,
el seno es su sensualidad y el violín que se
convierte en su cuerpo, su afición por la música".
–Marcos, una pintura salida de su pincel,
ha tocado un drama como el de la guerra de Vietnam,
que ha marcado toda la historia contemporánea.
¿Cuál es la génesis de la obra?
"… Bueno, es una pintura completamente
simbólica. En un fondo abstracto, se ve una
bomba cayendo y un niño que se esconde como
en un refugio: es todo. Hay como una lágrima
invertida. Lo hice cuando la propia guerra de Vietnam,
y pensé en los niños, que son los más
sufridos".
–Pero, el niño no tiene expresión
de miedo alguno, como pudiera esperarse…
"No, no tiene miedo, sólo está
esperando. Los niños tienen derecho al futuro
bajo cualquier circunstancia".
–¿Siguió en esa línea?
"Algunos me dijeron que continuara pintando
ese tema, y ese estilo, pero yo les contesté,
que prefiero no tener ataduras, y pintar cada día
lo que me surge aquí adentro".
–Ya que hablamos de un tema tan sensible
para los Estados Unidos, donde hay algunas de sus
obras ¿alguna consideración sobre las
relaciones culturales entre la Isla y la nación
norteamericana?
"Siempre he pensado que cualquier discriminación
cultural o humana, es una aberración y que
el arte no conoce fronteras".
Marcos Pavón Estrada nació el 30 de
junio de 1938, y cuando hoy sobrepasa el sexenio de
vida, ya suma un importante número de exposiciones,
en su provincia, en Cuba y el exterior (Venezuela).
La poliomielitis le dejó sus manos inutilizadas,
temblorosas, colgantes… Con esfuerzo supremo,
lleva un cigarro a su boca, poniéndolo entre
los dedos; pero la mente y la voluntad las conserva
intactas.
En nuestra conversación, la corola de sus
recuerdos se ha desbordado, varias veces en lágrimas.
La nostalgia está agazapada en sus ojos, como
los jigües.
Quedaría especular si Marcos hubiese sido
pintor sin su silla de ruedas. Hasta él mismo
cuando se ha hecho la interrogante… y se ha
respondido que sí, que hubiera sido pintor
de todas todas. Lo cierto es que su pintura vibra
por valores propios, y su obra no tiene ninguna muleta
artística, es libre y es alta.
Crece uno cuando le escucha, y es de esa raza que
sabe agradecer: "Me considero un hombre afortunado,
porque mi familia me quiere. Casi todo lo que le he
pedido a la vida, me lo ha dado".
–¿Y cuando no está pintando?
"Siento que estoy perdiendo el tiempo…"
–¿Se ha pintado usted, ha pintado
sobre su condición de minusválido?
"Sí, pero me he pintado en close up,
algún retrato. No pinto sobre las desgracias,
no me sale; ni sobre mi condición de inválido.
Yo siempre pongo por delante la esperanza".
|